La Réplica de Alfonso – El debate solo crece cuando cabemos todos

Alfonso Rodríguez de Sadia

Alfonso Rodríguez de Sadia
CEO de la Liga Española de Debate Universitario

Nunca habíamos tenido tantas herramientas para comunicarnos. Y, paradójicamente, quizá nunca habíamos necesitado tanto aprender a debatir.

Vivimos rodeados de información, opiniones y estímulos. Tenemos acceso inmediato a prácticamente cualquier conocimiento. Las redes sociales nos permiten pronunciarnos sobre cualquier asunto en cuestión de segundos y la inteligencia artificial es capaz de proporcionarnos respuestas y argumentos sobre casi cualquier cuestión. Sin embargo, disponer de más información no significa necesariamente pensar mejor.

En un mundo en el que las respuestas empiezan a estar al alcance de todos, algunas capacidades profundamente humanas adquieren todavía más valor: saber formular buenas preguntas, construir argumentos, cuestionar nuestras propias certezas, escuchar posiciones diferentes y ser capaces, incluso, de cambiar de opinión cuando alguien nos demuestra que estábamos equivocados. Eso también es debatir.

Durante más de 26 años he tenido la enorme suerte de observar a miles de jóvenes enfrentarse a una pregunta, preparar sus argumentos y defender una posición frente a otra persona que piensa exactamente lo contrario. He visto ganar y perder debates. He visto grandes discursos y grandes errores. Pero, sobre todo, he visto algo mucho más importante: personas aprendiendo a pensar.

Por eso siempre he creído que reducir el debate a una competición de personas que hablan bien es quedarse únicamente en la superficie.

El debate es una extraordinaria escuela de pensamiento. Nos obliga a investigar antes de opinar. A distinguir una afirmación de un argumento. A buscar evidencias. A anticipar las razones del otro. A escuchar para comprender y no simplemente para responder.

Y nos enfrenta a algo cada vez más difícil en nuestra sociedad, que es convivir intelectualmente con alguien que no piensa como nosotros. Quizá por eso el debate sea hoy más necesario que nunca.

Pero existe una condición indispensable para que todo esto tenga sentido: el debate necesita voces diferentes. La pluralidad no puede ser únicamente una palabra bonita que utilizamos cuando hablamos de pensamiento crítico. Hay que practicarla. No se puede defender el debate y tener miedo a escuchar determinadas voces. No se puede hablar de pluralidad seleccionando previamente quién merece formar parte de ella. Y tampoco podemos pretender construir una verdadera cultura del debate levantando fronteras alrededor de nuestros propios espacios.

Si queremos que el debate crezca, tenemos que abrirlo. A más universidades. A más colegios. A más empresas. A más organizaciones. A más países. A nuevos formatos. A personas que nunca han debatido y también a quienes llevan años haciéndolo. A quienes comparten nuestra manera de entender este mundo y, especialmente, a quienes lo entienden de otra forma. Incluso necesitamos proyectos que compitan entre sí. Porque competir no significa excluir.

Durante demasiado tiempo hemos entendido muchos ecosistemas desde la lógica de la propiedad: mi competición, mi universidad, mi organización, mi comunidad. Yo prefiero pensar de otra manera: cuantas más personas trabajemos para hacer crecer el debate, más grande será el debate para todos.

“Nunca he entendido el crecimiento de LEDU como la necesidad de ocupar todo el espacio, sino como la posibilidad de hacer ese espacio cada vez más grande”.

Eso implica aceptar que en ese espacio habrá otros. Otros proyectos, otras competiciones, otras organizaciones y otras maneras de entender el debate. Y creo sinceramente que eso nos hace mejores a todos. No importa qué logotipo aparezca en el cartel.

Si una universidad crea una iniciativa extraordinaria, merece ser conocida. Si una organización impulsa un nuevo campeonato, merece ser contado. Si aparece un formato diferente, debemos prestarle atención. Si en cualquier rincón de España o Latinoamérica hay jóvenes reuniéndose para argumentar, escuchar y confrontar ideas, ahí está ocurriendo algo que merece tener voz.

Precisamente desde esa convicción nace “La Conclusión”. Lo hace con todo el cariño, admiración y el apoyo de LEDU, pero con una vocación que va mucho más allá de LEDU.

“La Conclusión” quiere contar lo que sucede en el mundo del debate. Descubrir nuevas iniciativas, conocer a sus protagonistas, compartir historias, analizar tendencias y conectar lo que ocurre a ambos lados del Atlántico.

Y quiere hacerlo sin preguntar primero quién organiza cada cosa. Porque un medio especializado en debate no tendría demasiado sentido si empezara precisamente estableciendo quién puede y quién no puede formar parte de la conversación. Necesitamos un medio abierto. Abierto a organizaciones y universidades. A debatientes y formadores. A jueces, académicos, profesionales y estudiantes. A España y Latinoamérica. A proyectos consolidados y a iniciativas que estén dando sus primeros pasos.

También abierto a opiniones distintas. Especialmente a esas. Porque si algo nos ha enseñado el debate durante todos estos años es que escuchar únicamente a quienes piensan como nosotros puede resultar cómodo, pero intelectualmente sirve de bastante poco.

Tenemos por delante una oportunidad extraordinaria. El debate está creciendo. Está saliendo de las aulas y llegando a nuevos espacios. Las empresas empiezan a comprender el enorme valor profesional de saber argumentar, comunicar y pensar críticamente. Las universidades buscan nuevas herramientas para desarrollar competencias que difícilmente pueden aprenderse únicamente en un libro. Y una nueva generación de jóvenes está descubriendo que tener una voz importa, pero aprender a utilizarla importa todavía más.

Necesitamos contar todo eso. Necesitamos conectar ese ecosistema. Y necesitamos hacerlo desde una mirada amplia, generosa y sin fronteras innecesarias.

Después de más de 26 años dedicado al debate, sigo convencido de que todavía estamos empezando a descubrir todo su potencial.

El futuro no pertenecerá necesariamente a quienes tengan más respuestas. Probablemente pertenecerá a quienes sepan formular mejores preguntas, construir mejores argumentos y entender mejor los argumentos de los demás.

Hay muchas formas de entender el debate.

LEDU ha elegido una: hacerlo más grande.

Y para hacerlo más grande, queremos contar con todos.

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